Caso Maverick. ¿Quién es el malo de la película?

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La tormenta pasó. O eso parece.

Maverick ya no es de Yamaha y Yamaha ya no tiene nada que ver con Maverick. Ni en MotoGP ni en su equipo del mundial de Supersport 300. Solo queda el rastro de lo que pudo ser y no fue. De una relación que arrancó ganando las dos primeras carreras de 2017 y situándose como el principal favorito al título, apuntando incluso más alto que Marc Márquez.

Desde ese momento Maverick nunca volvió a ser el mismo. Cambió de jefe de mecánicos, de entorno personal, de hábitos, de rutinas… pero no dio con la tecla. Incluso se propuso meterse en la piel de los mecánicos para entender mejor su trabajo y poder ayudarles en el empeño del desarrollo de la moto. Pero nada cambió realmente. Todo fue una maniobra de maquillaje porque interiormente Maverick nunca se creyó a sí mismo. Quizá porque le falta confianza para ser él mismo. Quizá por falta de autoestima. Vaya usted a saber.

Y todo acabó en enquistamiento que derivó en una bomba mediática que dio la vuelta al mundo. Yamaha señalando supuestas mala praxis del piloto con la M1… Maverick acabó pidiendo perdón pero las marcas japonesas no olvidan. Yamaha rompió la relación contractual con Maverick y creo que el piloto puede dar gracias de que Yamaha no vaya más allá. Aunque no pueda acabar la temporada.

Ahora Maverick ya es piloto de una nueva fábrica para 2022, donde defenderá los intereses de Aprilia en el campeonato del mundo.

La pregunta es si este cambio de aires significará un reset en Viñales.

 


Mi respuesta es que todo dependerá del trabajo psicológico que debiera hacer desde ya el piloto para dotarse de herramientas que le permitan gestionar con eficacia las emociones para que éstas no conduzcan su vida. El piloto es él. Y muy bueno, por cierto. Le deseo muchos aciertos.

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